Sé lo mejor, siempre

 

Si tomáramos consciencia de nuestro valor y de cuánto somos importantes en la sociedad, quizá, no habrían conflictos y nos relacionaríamos de manera pacífica y proficua.

Equivocadamente, no damos el justo valor a lo que hacemos, a nuestras actividades. Todo o casi todo nos parece una rutina. Pensamos que nos gustaría realizar cosas importantes. Sentirnos útiles. Incluso, puerilmente, esperamos aprobaciones. No deberíamos buscar aprobaciones, sino tomar consciencia de nuestras capacidades.

Es importante recordar que cada trabajo existe gracias a la labor de otra persona. Me explico. Un actor por sí solo podrá entretenernos con un monólogo. Sin embargo, su labor se apreciará con dificultad sin las luces, sin el audio, sin alguien que lo ayude entre bastidores. Al igual que un escritor podría hacer muy poco sin las personas que trabajan en la industria papelera, en las editoriales, en las nuevas tecnologías…

Deberíamos observar el trabajo desde otra perspectiva, no sólo como fuente de ganancia. El trabajo narra que existimos. Que nos encontramos en un determinado lugar para desarrollar una actividad durante un tiempo de nuestra vida. No es poco. Ese tiempo es irrecuperable. Desarrollemos correctamente o no aquella actividad, en cualquier caso, nos encontramos ahí y no en otro lugar. No son pocos los empleados y directivos que, por trabajo, sacrifican fiestas familiares, actividades escolares de sus hijos…; no son pocas las madres que trabajan y, con tristeza, cada mañana, dejan a sus niños en guarderías…

“Sé lo mejor de lo que seas” (la traducción no es exactamente correcta), es una poesía de Douglas Malloch. Nos invita a ser responsables de nuestro trabajo. Debemos ser la mejor versión de nosotros mismos. “Sé lo mejor de lo que seas” independientemente de nuestro papel en la sociedad. No es importante qué cosa hacemos, sino cómo lo hacemos. Si no estamos implicamos, si no hay voluntad, será un peso. No perdamos tiempo en mirar qué hacen los demás. Cada uno de nosotros es único. Concentrémonos en nosotros mismos, en lo que hacemos. Nuestro trabajo es nuestra “obra maestra” por dos motivos: está hecha por nosotros y hemos invertido en ella horas, días o años de nuestro precioso tiempo. Todo lo que hacemos tiene un gran valor.

Nuestro trabajo merece todo nuestro reconocimiento. Tratemos de sentirnos orgullosos de lo que hacemos, de nuestras “obras maestras”. Debemos reconocer nuestro valor como personas, como miembros de un gran grupo humano. Y hagámoslo con humildad, sin olvidar que, en la vida, nosotros, todos nosotros, somos eternos alumnos.

Deberíamos iniciar cada día con aquella curiosidad infantil; como si fuéramos a descubrir algo maravilloso.

Con afecto,
María B.

He encontrado en internet esta traducción de la poesía di Malloch.

“Si no puedes ser pino en la cumbre de una colina,
sé un arbusto en el valle, pero sé el mejor
pequeño arbusto junto al arroyo;
sé el arbusto, si no puedes ser el árbol…
Si no puedes ser arbusto, sé hierba
que hace placentero el camino;
si no puedes ser rosa, sé esparto,
pero el más vivaz esparto del lago…
Si no puedes ser una avenida, sé sendero;
si no puedes ser el sol, sé una estrella;
No es por la dimensión que se obtiene o se pierde,
¡sé lo mejor de lo que seas!”

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